Proyecto Quimilero en palabras

Proyecto Quimilero en palabras

Proyecto Quimilero surgió en 2015. Sin embargo, gran parte del grupo trabaja en la conservación del quimilero y de otras especies chaqueñas desde 2011. Fue justamente en 2011 que comenzó el trabajo con cazadores del Chaco Seco Argentino para monitorear fauna silvestre (detalle en “nuestras experiencias”). También fue en ese año que integrantes de Proyecto Quimilero realizaron entrevistas y transectas para estudiar las tres especies de pecaríes, su distribución y requerimientos de hábitat. Estas investigaciones se realizaron cubriendo más de 54.000km2 del Chaco Seco argentino, en las provincias de Chaco, Salta y Formosa.
Estas primeras experiencias en el Chaco Seco pueden resumirse en palabras de los y las integrantes de Proyecto Quimilero:

En todos estos trabajos (iniciales) logramos ver la íntima relación entre el quimilero, los bosques y las poblaciones humanas. Pudimos ver la magia de estos bosques, su gente y sus especies animales. Darnos cuenta que son bosques tan extensos que al viajar en auto pasan días y días y seguimos dentro del bosque, sin dejar de ver el verde que rodea polvorientos caminos.” Efectivamente, el Chaco es la ecorregión más grande del continente después de Amazonía.

Estando tantos días recorriendo los bosques tuvimos noción en nuestro propio cuerpo de que hay muy pocas áreas protegidas y que, a la vez, los bosques no están vacíos, sino que la fauna y la biodiversidad conviven con culturas maravillosas, ricas, diferentes a la nuestra.” Efectivamente, es muy poca la superficie cubierta por áreas protegidas en el Gran Chaco en general y en el Chaco Seco en particular.

Los bosques del Chaco están habitados por personas muy amables y muy sabias. Estas personas son indígenas y pequeños/as y medianos/as productores/as criollos/as, que viven de actividades como la caza, la colecta o la ganadería extensiva. Y estas personas están en el bosque y están en su hogar, en su vida y por eso no podemos pensar en conservar esta región o su diversidad sin considerar a esta gente”. Diferentes estudios, en diferentes regiones, han demostrado que las iniciativas de conservación pueden aumentar problemas preexistentes o generar nuevos cuando no se toman en cuenta las poblaciones locales desde el comienzo del trabajo.

Al estar en los bosques por tanto tiempo y compartir allí la vida de las personas locales pudimos darnos una idea de las diferentes dimensiones que deben tenerse en cuenta a la hora de trabajar en conservación en un sitio como este. Porque estamos hablando de un lugar donde pasan muchas injusticias, donde los índices de pobreza son grandes y donde las personas son sistemáticamente discriminadas y marginadas”. En Argentina, la región chaqueña tiene familias sin agua y altos índices de desnutrición y pobreza.

Luego de nuestra experiencia inicial, estudiando pecaríes y su hábitat, decidimos que queríamos enfocarnos en el quimilero. Pues si el quimilero desaparece de la región chaqueña, desaparece del mundo entero, ya que no existe en otro sitio. Decidimos también que además de investigar, trabajaríamos intercambiando saberes con las comunidades locales y abordaríamos acciones de conservación integrales. Algunos de los cazadores con quienes trabajábamos en el monitoreo participativo se sumaron a nuestro equipo y desde entonces continuamos, juntos y juntas, trabajando para salvar al quimilero y a otras especies de la extinción.

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